sábado, 25 de abril de 2009

Suicidio asistido I


A través de la ventana, veo un paisaje cubierto de motas, que no son más que mugre acumulada por la vagueza ocasionada, a su vez, por la resaca.
Después de esta reflexión no soy capaz de distinguir polvo, de arbol; ventana, de aire. Y un agobiante calor, consecuencia de mi mala desenvoltura, hace que me quite el jersey, los calcetines, la camiseta, los pantalones y las bragas en este orden.
Entonces, desnuda aparentemente, me siento en el alféizar para no sentirme del todo desnuda.
Y ,así, me dispongo a quitarme las palabras que me quedan.

6 comentarios:

vespertine_eye dijo...

amorrr

Lucía Olvidada dijo...

No te las quites, déjatelas a ver qué sale de ellas :)

Milkiway. dijo...

Maravillas, muchísimas gracias...me has dejado...bloqueada, no sé esto es muy surrealista y...gracias en serio, temía tu reacción y...ha sido genial. Gracias. Me encantará conocerte.

Kalina dijo...

Te encontré :)

Celso προστάτης dijo...

Me gusta tu mundo, de habitaciones humedas y agobiantes, de alfeizar de ventanas que atesoran palabras de otros, y rastros de ropa desplomados por los suelos y rincones.

Tal vez mientras eso ocurria, yo estaba en ese otro planeta de sentarse bocabajo en el sillon, y ver los rizos del humo deshaciendose en la luz que entraba entre las cortinas, fumando en silencio...

=)

Joe Andrés dijo...

La palabra siempre abrigó más que un jersey de lana. Una palabra puede hacer arder un cuerpo, una multitud, un país, un mundo. Pero eso tú ya lo sabes.